Bajo la excusa del amor, se nos enseña a comportarnos de acuerdo a las siguientes pautas:
OBEDIENCIA. Por eso procuramos evitar conflictos con la pareja, disentir y ser demasiado tajantes con nuestras diferencias de opinión.
DEPENDENCIA. Creer que para ser felices dependemos de una pareja, lo que va de la mano con el valor de la complementariedad: el mito de la media naranja, no estamos completos/as sin él/ella, y nos aterra “estar solos/as”.
AGRADAR FÍSICAMENTE. Por lo tanto, nos ajustamos a los parámetros de belleza que muchas veces adoptamos como propios, auto exigiéndonos para estar siempre lindas/os, evitar los signos de vejez, de gordura, y de todo aquello que se escape a este modelo. Nos convertimos así en un objeto de consumo y un sujeto de mercado. Una de las cosas más difíciles para nosotros/as es aprender a distinguir estereotipos impuestos y atrevernos a seguir nuestros propios gustos y deseos en la vestimenta, en el sexo, etc.
IDEALIZACIÓN. La pareja en quien nos fijamos se convierte en un ser ideal y construimos una relación estereotipada, que encajamos a fuerza en los parámetros del príncipe azul y la familia feliz.
PROPIEDAD. Tú y él se pertenecen mutuamente, se poseen, al punto de legitimar los celos como prueba de amor. No respetar este precepto justifica socialmente el asesinato de las mujeres, como vemos en los relatos mediáticos sobre los femicidios.
INDIVIDUALISMO. El amor romántico ‘encaja’ perfectamente en el capitalismo, pues es individualista. Se puede estar derrumbando el mundo afuera pero no nos importa mientras resguardemos la familia feliz y el mundo de a dos en la que se basa este modelo. Los problemas de pareja son asunto de dos y dentro del hogar, así se encubre la violencia. Como resultado de todo esto, es frecuente que las niñas crezcan sintiéndose inseguras, dejando de lado sus inquietudes, sueños e intereses, y se conviertan en mujeres que no se valoran y no confían en sus propias capacidades. La sociedad se encarga de reforzar este imaginario.
Particularmente para el género femenino:
DEBILIDAD FEMENINA. Según esto, creemos que necesitamos ser protegidas, de ahí vienen la “galantería” y “caballerosidad” que provienen de las costumbres cortesanas de la Edad Media y el Renacimiento, y se asocian al cortejo y la seducción. Estos gestos amables de parte de hombres conocidos y desconocidos hacia las mujeres esconden la creencia en nuestra natural fragilidad y delicadeza, convirtiéndonos en un objeto que se debe cuidar, mimar, ofrecer regalos, pero a cambio de obediencia y sumisión. La prueba la tenemos cuando su “caballerosidad” se desvanece si osamos rechazarla! Los llamados “piropos buenos” son un ejemplo de ello.
PASIVIDAD. Debemos secundar los deseos masculinos, nunca tomar la iniciativa, ser autónomas o expresivas. De lo contrario nos tildarán de fáciles, escandalosas, putas, lesbianas –y muchos otros epítetos menos considerados-.
SACRIFICIO Y ABNEGACIÓN. Para obtener lo que promete ser el medio de realización personal para las mujeres, estamos dispuestas a desoír las incomodidades y malestares de nuestro cuerpo, a esperar pasivamente que la pareja cambie, a mantener una relación abusiva para no romper con el mundo ideal que nos hemos construido.
